Soy yo y estoy sobre las nubes,
por encima de todo.
¿Es que hay otro cielo arriba mío?
Soy yo y el sol está a mi altura
Tengo la edad del sol
y el sol tiene mi espalda porque me hace brillar
Soy yo sobre el cielo y voy hacia atrás porque busco respuestas
Algo aquí no es mío: yo no abandono cuadernos:
cada uno vuelve a mí y algo más escribimos
Un señor estornuda 7 veces y el lápiz se sigue moviendo
Anuncian cordillera y algo ahí pinchaba;
toqué un poco más, parece que ya no pincha
Quiero mirar de frente, pero estoy más arriba.
Quiero ver lo que me pinchó y veo un mar de nubes suaves y un descanso
Quiero ver y ya eso que pincha no está en mi visión
Insisto, insisto, insisto. Es que yo nunca abandonaría
Tengo la edad del sol y quise seguir perdiendo, pero no había nada
Este lápiz tiene una goma, pero no voy a borrar nada
Nací y crecí y no voy a borrar nada.
La Voracidad, de Antonio Berni
LOS JUSTOS, de Jorge Luis Borges
Un hombre que cultiva su jardín, como quería Voltaire.
El que agradece que en la tierra haya música.
El que descubre con placer una etimología.
Dos empleados que en un café del Sur juegan un silencioso ajedrez.
El ceramista que premedita un color y una forma.
El tipógrafo que compone bien esta página, que tal vez no le agrada.
Una mujer y un hombre que leen los tercetos finales de cierto canto.
El que acaricia a un animal dormido.
El que justifica o quiere justificar un mal que le han hecho.
El que agradece que en la tierra haya Stevenson.
El que prefiere que los otros tengan razón.
Esas personas, que se ignoran, están salvando el mundo.

