Lo único que se escucha es el silbido del viento Lo único que se escucha es espacio, hueco Donde yo estoy el sonido es un invento macabro, humo Si todos hablan tanto yo me siento esquizofrénica – me importan tan poco que parecen simples voces en mi cabeza – si las voces interrumpen las nubes para mi son demonios El hombre solo en solo se da cuenta Que no necesita más que su cuerpo para sobrevivir
, habitando géminis con tanto amor
No indagues, Leucónoe (no es lícito saberlo), qué fin reservan los dioses a tu vida y la mía, ni combines los números mágicos. Mejor será que te resignes a los decretos del hado, sea que Júpiter te conceda vivir muchos años, sea éste el último en que ves romperse las olas del Tirreno contra los escollos opuestos a su furor. Sé prudente, bebe buen vino y reduce las largas esperanzas al espacio breve de la existencia. Mientras hablamos, huye la hora envidiada. Aprovecha el día, no confíes en el mañana.